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Maximiliano y Candela... Dos NN
Dos últimos acontecimientos trastocaron nuestra sociedad. Uno ocurrió en Hurlingham, el otro aquà no más, a la vuelta de la esquina, a seis cuadradas de mi lugar de trabajo,...
Dos últimos acontecimientos trastocaron nuestra sociedad. Uno ocurrió en Hurlingham, el otro aquí no más, a la vuelta de la esquina, a seis cuadradas de mi lugar de trabajo, a ocho del municipio, a siete de la policía, a diez de mi casa. Un lugar por el que todos pasamos todos los días, un lugar ahí cercano, en frente del vivero, y del museo. Ahí estaba el NN., banquete de los roedores y perros vagabundos; con semillitas de girasol en los bolsillos de su pantalón.
Bien digo NN, puesto que aunque todos sabíamos quienes eran Maximiliano, y Candela, ellos estaban en nuestros peores y más oscuros sentimientos. Nadie los busco desde el amor, por el contrario, los tratamos como N.N. remontamos nuestro egoísmo, los usamos para mostrarnos, para que crean que somos mejores, eficaces, infalibles, justos, rubios, altos y sajones.
Todos nos consideramos con derecho a decir algo, todos creemos tener esa parte de Dios, que nos permite “decir, decidir y juzgar”, sin darnos cuentas que lo que nos acerca a Dios es lo que hagamos por el otro, y no lo que digamos del otro.
Así, pasamos de ver a los padres de los NN como victimas a victimarios, recogimos nuestro egoísmo, y dijimos que fuimos usados. Le echamos la culpa al otro, al padre, el gobernador, a la madre, el de la esquina, el policía y al pobre Bombero Voluntario.
Juzgamos a la madre y al padre, y nos padecimos del tío.
Pedimos justicia, pena muerte, tortura y tormentos.
Nos convencimos solos en que hacemos lo correcto, nos justificamos, hablamos siempre del otro, nos caímos en el pozo colectivo en que se entierran los NN.
Ya termino, por hoy ya no hay N.N., Rial y Canosa, vuelven con el soñando, Echarri, al “elegido” y otros en busca de una nueva noticia, capaz de desvelarnos.
Ahora, estoy descalzo en mi despacho, en la guardia, en la oficina, en mi casa, me fumo un cigarrillo y tomo mi café en la piel de Maximiliano, luego en el bar de la esquina lo hago en la piel de la Luz de Candela, donde cuento que hice lo posible, inclusive agredir, insultar y GRITAR Justicia.
Y vuelvo a ser “yo” quien tiene la verdad, y por eso debo clamar Justicia, y que se haga como “yo” quiero y espero esa justicia, tomando café de la piel de Maxi y Candela.
Que distinto hubiera sido si en vez de ser NN., Hubieran sido Maximiliano, ese jovencito de rutina y nobleza, o Candela una niñita de once años; si en vez de buscarlos desde la soberbia y el egoísmo, lo hubiéramos buscado desde el amor y la responsabilidad.
A Maxi, seguramente lo hubiéramos encontrado mucho antes que lo asesinaran, a los asesinos los hubiéramos encontrado antes que encontraran su destino.
No era muy difícil. Bastaba hacer lo que nos enseñaron nuestros padres, y educadores: lo correcto, de modo responsable y honrando nuestra familia.
Si tengo que buscar a Maxi, no al NN., hago mi trabajo, cumplo mi horario, coordino la estrategia de investigación, busco respuestas, soy serio y responsable en mi función.
Evito el tráfico de estupefacientes, encuentro antes a quienes mataron a Maxi, cuido y protejo a la comunidad. No me escudo, porque como vivo de esto, y me pagan por eso, honro a mi familia con el pan en la mesa, fruto de un digno esfuerzo.
Jamás acuso, ni me justifico o responsabilizo a otros, hago lo correcto con las leyes que hay, se que otros lo hacen. Jamás tomo café de la piel de los N.N.
No sé que pide la gente cuanto reclama Justicia, si se lo que debo pedir:
Que se respete nuestra Constitución Nacional, y que se TRABAJE.
A veces pienso en la valentía que tienen muchos funcionarios al pararse frente al cajero del banco, a cobrar su abultado sueldo; y me pregunto, que sienten cuando sus hijos le preguntan de que trabajas, que haces, que paso….
Soy consciente que ni la pena de muerte, los tormentos y castigos, la prisión permuta, ni podrirse en cárcel, ni la aplicación de las leyes más severas, hubieran salvado a Maxi o a Candela.-
No tengo dudas que la responsabilidad por la muerte de Maxi, deviene de los funcionarios, a quienes se les paga para protegernos, y si no son dignos de percibir su salario, si no los satisface, deberían dar un paso al costado y dejar a otros. Pero basta de tomar café de la piel de todos.
Todo se justifica: si el policía camina con el ladrón, se habla de la nobleza de la amistad.
Se prejuzga permanentemente para no hacer lo correcto, se encasilla, se emiten juicios de valor sin valores, se negocia lo innegociable, se justifica lo injustificable, lo de hoy, lo dejo para mañana, lo de mañana para pasado y luego me justifico en los demás.
Uno quería la Luz de Candela. Uno buscaba a Maxi. Uno lo quería encontrar. Uno marcho. Era uno el sabio, el experimentado, uno que era uno, pero no los encontró.
Ahora los perdimos todos, ellos, los otros, nadie, se perdieron solos, es su culpa. Me tomo un café en su piel y sigo mi camino, creo que es otro, pero sé que es el mismo.
Por mi parte si solo una persona entiende este mensaje estaré muy satisfecho, si lo divulga, doblemente y si sirve de algo más aun, siempre habremos hecho más que insultando y agrediendo.
Agradecemos a:
casildavirtual.com.ar
De carta enviada por:
Diego A. Haro Martínez
DNI 92.499.172
Fecha de publicación: 11/09/2011 | 207 lecturas
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