Noticias » Anuncio

Cambio gatopardismo? ... Por Román Cammarata

Desde la columna que habitualmente escribe en las páginas de “La Senda”, Armando Cavalieri se interroga, lúcidamente a mi juicio, acerca de “el cambio”. En efecto; la apelación a “el cambio” es una de las más trilladas en épocas electorales. Pero… ¿A qué refieren los candidatos cuando hablan de “cambio”? Cierta acepción de “cambio” puede equipararse con aquello que Giuseppe de Lampedusa advirtió hace mucho tiempo ya en su obra “El Gatopardo”.

 

Lo más leído:

Por Román Cammarata
P
Desde la columna que habitualmente escribe en las páginas de “La Senda”, Armando Cavalieri se interroga, lúcidamente a mi juicio, acerca de “el cambio”. En efecto; la apelación a “el cambio” es una de las más trilladas en épocas electorales. Pero… ¿A qué refieren los candidatos cuando hablan de “cambio”? Cierta acepción de “cambio” puede equipararse con aquello que Giuseppe de Lampedusa advirtió hace mucho tiempo ya en su obra “El Gatopardo”. De ahí la expresión gatopardismo; cambiar apenas lo necesario, lo mínimo indispensable; modificar las apariencias de modo que todo siga como hasta ahora. Es decir, conservando privilegios y prebendas ¿Cómo se expresa eso en hechos concretos? Un buen ejemplo es cuando en una lista de concejales el primero -el que va a “entrar”- es el de siempre y el resto son personas con criterio propio que de asumir producirían un cambio real.
 
Tales listas Suponen un cambio, pero en realidad actúan en ese marco como un llamador electoral en beneficio del candidato que garantiza la continuidad del sistema que se dice querer cambiar.
 
Existe un segundo nivel de cambio, algo menos superficial aunque, en los hechos, se manifiesta tan insuficiente -e ineficiente- como el anterior. Para explicarlo, Eric Fromm recurre a los conceptos de carácter rebelde y carácter revolucionario. Hasta ciertas etapas del proceso –explica Fromm- el carácter rebelde y el revolucionario marchan a la par. Desean, ambos, desplazar del poder a aquellos que vienen detentándolo desde hace tiempo. Desplazar del poder a aquellos que no permiten, por ejemplo, la oxigenación del sistema democrático, económico y cultural.
 
La diferencia, la gran diferencia, estriba en que, mientras el revolucionario aspira a transformar el sistema, el rebelde solo aspira a dirigirlo; quiere desplazar a quien ocupa el poder no para transformar la realidad, si no para ocupar el lugar que hoy tiene aquel a quién quiere desplazar. La pelea del rebelde es por el sillón, no por el “modelo”.
 
 
Pero la vida de los rebeldes no sería tan cómoda ni placentera sin la participación de aquellos que tienen (o padecen) un carácter autoritario. Cada uno de los electores de Casilda y el Departamento deberíamos interrogarnos al respecto. ¿Cuáles son los rasgos del carácter autoritario? Dicho de manera sencilla, el carácter autoritario es sumiso frente al Poder y, al mismo tiempo, despótico con aquel al que considera “inferior”. El carácter despótico no tiene convicciones; hace suyas las del poder. Pasa en el orden nacional, pero también en el provincial y, por supuesto, en el plano local.
  
Regresando al punto de partida, cambiar para nosotros significa transformar el sistema. ¿Cómo? Empezando por aquello que siendo lo más elemental, no se ha hecho en todos estos años. Caseros debe organizar un sistema estandarizado de estadística e información pública. ¿Por qué estandarizado? Porque la información, especialmente la estadística, tiene que ser homogénea para que las comparaciones sean útiles. Sin información confiable no es posible planificar. Saltarán aquellos que dicen que la planificación no es necesaria porque confían en el crecimiento “espontáneo”. Nosotros decimos que la ausencia de planificación es siempre funcional a los más poderosos.
  
Creemos también que no se puede planificar desde un escritorio en Santa Fe (mucho menos desde Buenos Aires). Que es una responsabilidad de las mujeres y los hombres de Caseros, en estrecho contacto con sus pares de General López, Iriondo, San Lorenzo y también Marcos Juarez, aunque se trate de la Provincia de Córdoba. Hoy la electrónica nos predispone a trabajar “en red”, pero nuestra infraestructura física e institucional está organizada para responder al viejo paradigma centro-periferia que despobló nuestras localidades. Con información, nuevos criterios de organización y –por supuesto- voluntad política, es posible revertir el cuadro de situación que planteábamos en la columna anterior: "Con la Bronca de Haber Sido".
 
 Voluntad política que –sabemos- tiene Rubén Giustiniani de hacer de Santa Fe, una provincia más federal. Y, en resumidas cuentas, por ahí comienza el cambio. Esa es La idea. Para poner en marcha esta transformación el 22 de mayo:
 
 

RUBÉN GIUSTINIANI (GOBERNADOR) 

 ROMÁN CAMMARATA (SENADOR)
por Caseros

 

Fecha de publicación: 10/05/2011    |    148 lecturas

Comentar


Clima
Cereales
Divisas